Ningún mercado bajista ha sido el último. Por profundo que fuera el pozo, cada gran caída de la bolsa terminó en nuevos máximos, y esa regularidad de los mercados bajistas y su recuperación no se ha roto ni una vez en casi un siglo de historia del S&P 500. El ejemplo más brutal lo da el 9 de marzo de 2009: el índice cerró en 676,53 puntos, había perdido casi un 57% desde su máximo de octubre de 2007, la mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial. Los titulares hablaban de "el fin del capitalismo" y muchos inversores juraron no volver a mirar una acción en su vida. Aquel día, sin que nadie tocara una campana, empezó el mayor mercado alcista de la historia moderna. Todos, sin excepción, han terminado igual.
La aritmética asimétrica de osos y toros
Conviene mirar los números sin dramatismo. Desde 1928, el S&P 500 ha atravesado 27 mercados bajistas, según Hartford Funds. La caída media en cada uno ronda el 35%, y la duración media es de 289 días: poco más de nueve meses y medio de dolor. El oso asusta porque es rápido, ruidoso y sale en todos los telediarios.
El toro hace justo lo contrario. El mercado alcista medio dura 988 días, unos dos años y ocho meses, y en ese tramo la bolsa sube de media un 112%. Ahí está la asimetría que casi nadie interioriza: las caídas son cortas y las subidas, largas. First Trust, que ha reconstruido cada ciclo desde 1926, lo resume en un gráfico que sube y sube pese a estar sembrado de sustos. El miedo es intenso pero breve. El crecimiento es aburrido pero persistente.
Los mercados alcistas nacen en el pesimismo, crecen en el escepticismo, maduran en el optimismo y mueren en la euforia. Sir John Templeton, inversor
Templeton lo dijo con la autoridad de quien, el día que estalló la Segunda Guerra Mundial en 1939, compró 100 dólares de cada acción estadounidense que cotizaba por debajo de un dólar, 104 empresas en total, y cuadruplicó su dinero esperando. Su frase no es un adorno: describe el mecanismo. El suelo de un mercado bajista se forma cuando ya nadie quiere comprar, precisamente porque ya nadie quiere comprar.
Ni el peor oso fue el final
Los tres bajistas más recientes cuentan la misma historia con velocidades distintas. La crisis financiera de 2007-2009 fue la más brutal: un 57% de caída y unos cuatro años para que el índice recuperara su máximo anterior. Fue lento y desesperante, y aun así volvió.
La pandemia de 2020 fue lo opuesto en el tiempo. El S&P 500 se desplomó un 34% en apenas 33 días de negociación, el mercado bajista más veloz jamás registrado. Quien miró el saldo en marzo vio un incendio. Quien no tocó nada llegó al 18 de agosto de 2020, apenas seis meses después, con un nuevo máximo histórico. La recuperación fue tan rápida como el susto.
Y 2022, el más reciente, fue el más incómodo por prolongado sin ser catastrófico: el índice cedió alrededor de un 25% entre enero y octubre, castigado por la inflación y las subidas de tipos. En enero de 2024 marcaba récord de nuevo. Tres caídas distintas en causa y calendario, tres regresos al mismo sitio: arriba.
El oso pone las noticias. El toro pone el patrimonio.
El problema nunca fue la historia, sino el estómago
Nada de esto es un secreto. Cualquiera que abra un gráfico a cincuenta años ve la línea subir. El problema no está en los datos, sino en el minuto exacto en que la cuenta está en rojo, los titulares gritan y el instinto pide vender para dejar de sufrir. Ahí es donde se pierde el dinero: no en la caída, sino en la decisión de abandonar durante la caída.
Por eso el mayor enemigo del inversor rara vez es el mercado. Es él mismo en el peor momento. Vender en marzo de 2009 o en marzo de 2020 significó convertir una pérdida temporal en una pérdida definitiva, y quedarse fuera justo antes del rebote. La historia premia una virtud sencilla y difícil: quedarse quieto, seguir aportando y, si acaso, comprar más cuando el resto huye.
Esa disciplina se sostiene mucho mejor con un método que con fuerza de voluntad. Decidir de antemano qué hacer cuando el mercado cae un 20% evita tener que decidirlo con el estómago encogido. La regularidad tozuda de la recuperación solo sirve a quien sigue dentro cuando llega.
Comprobar la teoría con datos reales
Un sistema de inversión llamado CDI lleva más de una década aplicando esta idea, comprar con método cuando el mercado cae, y publica sus resultados año a año, con una calculadora para comprobar qué habría rendido en cada tramo alcista y bajista.
Ver los resultadosNingún dato garantiza el futuro. Puede haber una caída más larga y más honda que todas las anteriores, y quien prometa lo contrario miente. Pero la historia deja una regularidad que once décadas no han roto: cada mercado bajista ha terminado, y quien aguantó dentro vio el siguiente máximo. Lo aburrido, otra vez, resultó ser lo más rentable.