En 1976, cuando John Bogle lanzó el primer fondo indexado para pequeños inversores, medio Wall Street se rió. Lo llamaron "la locura de Bogle".
Un producto que renunciaba a escoger las mejores acciones y se conformaba con comprarlas todas parecía una rendición en toda regla. Medio siglo después, esa rendición le ha ganado a la mayoría de los gestores que se burlaban.
Y dentro está la única respuesta tranquila a la pregunta que paraliza al que empieza. Cómo eliges en qué invertir cuando todo parece igual de urgente y nadie se pone de acuerdo.
La respuesta cabe en cuatro palabras. Lo que compres tiene que ser barato, amplio, con el viento estructural a favor y lo bastante sencillo como para aguantarlo veinte años sin mirarlo. Lo demás es ruido. Ruido con factura.
Barato, porque el coste es lo único que sabes de antemano
Nadie conoce la rentabilidad futura de un fondo. La comisión, en cambio, viene escrita en el folleto y se cobra llueva o truene. Por eso el coste es el mejor predictor que existe.
Morningstar cruzó décadas de datos y encontró que el gasto anual anticipaba los resultados mejor que ninguna otra variable, incluida la rentabilidad pasada. A diez años, los fondos del quintil más barato tienen alrededor del doble de probabilidades de batir a su índice que los del quintil más caro.
Y el panorama de la gestión activa remata el argumento. Según el informe SPIVA de S&P Dow Jones, más de ocho de cada diez fondos americanos de gran capitalización se quedaron por detrás del S&P 500 en la última década. Ocho de cada diez. Pagar más por la promesa de un gestor listo es, casi siempre, pagar por llegar tarde. Un indexado que replica el mercado por unas décimas al año no es la opción aburrida. Es la que lleva medio siglo señalando la evidencia.
No busques la aguja en el pajar. Compra el pajar entero. John C. Bogle, El pequeño libro para invertir con sentido común
Amplio, porque no vas a adivinar el ganador
La segunda regla es no jugártelo todo a una carta, por brillante que parezca. El trabajo del profesor Hendrik Bessembinder es demoledor. De las 25.300 acciones cotizadas en Estados Unidos desde 1926, el 57,4% rindió menos que las letras del Tesoro a lo largo de su vida.
Toda la riqueza que ha creado la bolsa americana sale del mejor 4%. Del 4%. El otro 96%, en conjunto, no le ganó a un activo sin riesgo.
Y la lección no es cazar ese 4%, que es imposible hasta para los profesionales. Es asegurarte de tenerlo dentro comprándolo todo. Comprar amplio además apaga el ruido. Con una veintena de valores bien repartidos te quitas de encima casi todo el riesgo específico de cada empresa. Y ese riesgo no te paga nada por asumirlo.
Diversificar no va de repartir por miedo. Va de reconocer que no sabes cuál será la próxima Apple. Y que da igual, mientras la tengas.
Con el viento a favor, y sencillo
La tercera regla es invertir donde el tiempo juega de tu lado. La bolsa no sube todos los días ni todos los años, pero su sesgo de fondo es muy cabezota. Desde 1928, el S&P 500 ha cerrado en positivo tres de cada cuatro años.
Y si estiras el plazo, la ventaja se dispara. El 94% de los periodos móviles de diez años han sido positivos. Y no ha habido ni un solo periodo de veinte años con rentabilidad total negativa. El horizonte largo no es un consuelo para pacientes. Es un motor que empuja siempre hacia el mismo lado.
Queda la cuarta, que es la que nadie respeta. Sencillo. Un producto que no entiendes lo vendes en el peor momento. Cuando aprieta el rojo y asusta el titular.
La complejidad no es sofisticación. Suele ser una comisión disfrazada. Si el marco cabe en cuatro palabras es porque tiene que caber. Barato para no regalar la rentabilidad. Amplio para no depender de la suerte. Con el viento a favor para que el tiempo trabaje. Y sencillo para poder aguantarlo.
Elegir bien en qué invertir se parece menos a acertar y más a dejar de estorbar.
Nada de esto te promete un número. La bolsa cae, a veces con saña y durante años, y el que te jure lo contrario te está mintiendo. Pero este marco te reduce las decisiones a las pocas que importan y te aparta de las que solo dejan comisiones y arrepentimiento. Y una vez elegido bien, lo difícil ya no es escoger. Es no tocar.
Alguien que lleva más de una década aplicando esta disciplina
Un sistema de inversión llamado CDI lleva más de diez años operando con estos principios, comprando barato, amplio y con paciencia. Publica sus resultados año a año, con una calculadora abierta para comprobarlos.
Ver los resultados